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martes, 4 de abril de 2023

“Lorquianos”, una obra antológica producida por Teatro Las Máscaras

 Escrito por Gustavo A. Ricart, Cineasta

Fotos: Natali Hurtado


“La poesía y el teatro de Lorca son una exploración constante de la vida y la muerte, el amor y la pasión, la identidad y la sociedad, que lo convierten en uno de los grandes maestros de la literatura universal." - Vázquez Montalbán, M. (1988)



Gracias a la Segunda Temporada de Teatro Banreservas dedicada al destacado dramaturgo dominicano Franklin Domínguez, hemos sido testigos de una obra intimista producida por Teatro las Máscaras, creación colectiva que recopila fragmentos, escenas o actos de distintos textos de Federico García Lorca, con el objetivo de crear una nueva obra que tiene una temática común o una cohesión argumental: el abuso de poder conservador y totalitarista. Esta obra antológica pretende ser una forma de mostrar la variedad y el talento del autor en diferentes momentos de su carrera y puede ser una forma de introducir a los espectadores a la estética de un escritor perteneciente a la corriente literaria conocida como "Generación del 27" en España, que fue un grupo de escritores y poetas que surgieron en torno al año 1927 y que compartían una visión innovadora y modernista de la literatura.


Dentro de esta corriente, García Lorca se destacó por su estilo poético, en el que combinaba elementos populares y tradicionales con técnicas modernistas y surrealistas. También es conocido por su obra teatral, en la que exploró temas como la identidad, la muerte y la pasión con una sensibilidad poética única.


Lorquianos, la pieza de Teatro las Máscaras, cuenta con una dirección impecable y a tiempo de Germana Quintana, donde el todo en conjunto se evidenció sumamente ensayado, puntual y planificado. Además de la excelente la puesta en escena y las actuaciones, debemos resaltar la perfecta sincronía con la música y el trabajo de iluminación con uso diegético, que se aseguraba de plantear correctamente los signos de puntuación de la imagen para separar cada una de las siete secciones que conforman la obra, entre ellas; Mariana Pineda, Doña Rosita la Soltera, La Casa de Bernarda Alba, Bodas de Sangre, El Público y Yerma. Entre la selección se pueden encontrar dos monólogos que llaman la atención por lo intimo de las escenas, donde ambos actores dieron la impresión de realmente llorar en medio de un ataque de nervios.


Ciertamente fueron impresionantes las interpretaciones de Lidia Ariza y Patricio León cuyo trabajo contó con la sutileza de micro-expresiones faciales elocuentes y orgánicas creando un ambiente donde era inevitable la empatía hacia una señora que, bordando era asediada por un machista imperialista o la mujer que se desvivía por su marido con la esperanza de que éste le regalara un hijo propio, o la añoranza de alguien que lee cartas de un amante con nostalgia.


El decorado y escenografía fue modesto y conservador, manteniendo totalmente la coherencia con colores cálidos y construyendo en un escenario pequeño tres sets distintos donde encontramos espacios hogareños en los que predominaba el rojo aterciopelado de una alfombra como telón de fondo, símbolo de pasiones y amores. Espacios que se sentían reconfortantes bajo la siempre apaciguante música que contrastaba con diálogos y monólogos tensos o dolorosos.


El conjunto de textos selectos demuestra que Federico García Lorca presentaba a la mujer en su obra de una manera compleja y multifacética, mostrando su belleza, su fuerza, su sensualidad y también su vulnerabilidad y opresión en la sociedad de la época. Al mismo tiempo, también aborda temas como la soledad y el sufrimiento de la mujer, que a menudo se ven obligadas a cumplir roles tradicionales en la sociedad y enfrentan la discriminación y la violencia de género.


En su teatro, Lorca también presenta personajes femeninos fuertes y complejos, como la protagonista de "La casa de Bernarda Alba", que lucha por su libertad y su derecho a tomar decisiones sobre su vida. También utiliza a menudo elementos simbólicos relacionados con la feminidad, como el pandero de bordar, para evocar la creatividad, entrega y trabajo duro de la mujer.


Gracias al Centro Cultural Banreservas, Lorquianos presenta a la mujer de una manera compleja y realista, reflejando la rica diversidad de la experiencia femenina en la sociedad moderna. ¡Hagamos una visita a Teatro Las Máscaras, el mejor teatro de la bolita del mundo!





martes, 5 de julio de 2022

Mágica noche lorquiana en «Las Máscaras»


Mágica noche lorquiana en «Las Máscaras»

Los actores Lidia Ariza y Patricio León / Fotografías de Mika Pasco.

El encanto Lorquiano, poseído de Duende, se mantuvo toda la noche en la Sala de Las Máscaras, ofreciendo al público una experiencia teatral magnífica, entre poesía y actuación

Al penetrar en la pequeña Sala del Teatro Las Máscaras, tuvimos la sensación de haber llegado a la casa de Federico García Lorca, en Fuente Vaqueros. El escenario con pocos elementos recrea aquel entrañable lugar. Inicia “Lorquianos” ensamble de fragmentos de obras del insigne dramaturgo, interpretadas por Lidia Ariza y Patricio León, bajo la eficiente dirección de Germana Quintana.

Una figura se acerca al proscenio, es el actor Patricio León, que convertido en Federico García Lorca, pronuncia su famoso discurso en ocasión de inaugurar la primera biblioteca de su pueblo, en septiembre de 1931. No obstante la lejanía, la esencia del discurso de Lorca y su amor por los libros está vigente hoy. “¡Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir ¡amor! Que deben pedir los pueblos como piden pan o anhelan la lluvia. Como decía el crítico francés del siglo XIX ,“Dime lo que lees y te diré quién eres”. Patricio León con pasión, da vida a ese momento histórico.

Luego de este introito, Lidia Ariza y Patricio dialogan convertidos en las Figuras de “Cascabel” y “Pámpano”, del drama “El público”, al final se escucha los aplausos del público. Suenan campanadas, cambia la escena, los artistas entablan otro diálogo, del segundo acto de la Obra “Mariana Pineda”, en la que luchan las almas de los dos personajes “Mariana” interpretada por Lidia Ariza y “Pedrosa” por Patricio León, ambos logran una simbiosis actoral estupenda.

Escena de la obra

La magia lorquiana nos va envolviendo y como en un eco escuchamos la bellísima melodía del concierto de Aranjuez, del maestro Joaquín Rodrigo; Lidia Ariza, poseída del duende ese “Poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo ha podido explicar, nos introduce en el Romancero Gitano, con la composición lírica “Romance de la Pena Negra”.

“Las piquetas de los gallos, cavan buscando la aurora, cuando por el monte oscuro baja Soledad Montoya”.

La interpretación de Lidia es conmovedora, hace del poema un verdadero acto escénico con una gestualidad y corporalidad elocuentes, y es que la poesía hablada necesita un cuerpo vivo que la interprete.

Las campanas no cesan de sonar, son parte del ideario lorquiano, son un hilo conductor que nos lleva a otro momento, el diálogo entre Yerma y Juan, escena del segundo acto de la obra “Yerma”, símbolo de la maternidad frustrada. Hay distancia entre los personajes, Yerma quiere acercarse para crear, él solo piensa en su trabajo.

Escena de la obra

El espacio entre ambos se hace sensible, Lidia y Patricio se complementan en sus contrastes.
Del tercer acto de la obra “Doña Rosita la Soltera”, el monólogo de la protagonista tiene un símbolo: “la flor”, mutable como la vida misma de doña Rosita. El monólogo cobra un nuevo matiz al ser interpretado por Patricio León, que une poesía y actuación.

Unidos por una cuerda, metáfora de aliada o rompimiento, los actores interpretan “Textos sueltos de Federico García Lorca”, convirtiéndolos en un magnífico drama escénico.

Lidia Ariza, con una carga de dramatismo, asume la pena, el dolor de la madre, en el monólogo de gran belleza lírica, del tercer acto de “Bodas de Sangre”.

“¿Qué me importa tu muerte?
¿Qué me importa a mí nada de nada?
Benditos sean los trigos, porque mis hijos están debajo de ellos; bendita sea la lluvia, porque moja la cara de los muertos.
Bendito sea Dios, que nos tiende juntos para descansar”.

Doblan las campanas. Bernarda es una mujer cruel, autoritaria que ejerce su poder de forma irracional, todos la odian. Lidia Ariza encarna a esta mujer, protagonista de la quizás más famosa obra de García Lorca, “La Casa de Bernarda Alba” Drama de mujeres en los pueblos de España. Bernarda entabla diálogos con La Poncia, personaje antagónico, representa el sentido común, ve venir la tragedia, intenta evitarla, aunque la advierte. Patricio León nueva vez se transforma, y con propiedad personifica a La Poncia; el diálogo se torna intenso.

La hija menor de Bernarda Alba ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!

Finalmente, el silencio se ve interrumpido por los aplausos calurosos que prodiga el público. La magia lorquiana poseída de duende, se mantuvo toda la noche en la Sala de Las Máscaras, ofreciendo al público una experiencia teatral magnífica, que invitamos a disfrutar el próximo viernes.